Capítulo 26
En su lugar había un hombre todavía más moreno, elegante, en un elegante traje, de ojos grises que brillaban bajo su cabello castaño claro, sosteniendo del brazo a una feliz y resplandeciente Marianela.

—¡Sorpresa, Dani! —exclamó Marianela y abrió los brazos a su hermana, quien cayó en ellos, abrazándola antes que Nardo Oliveira arrancara a su cuñada de los brazos de su esposa y demandara y recibir su propio beso de saludo.

—¡Hola Nardo! ¡Tiempo sin verte! ¡Eres un ingrato! ¿Por qué no nos vi
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