Capítulo 27
—¡Oh, por Dios!, Daniela… —lanzó los brazos alrededor de su hermana y la abrazó hasta que salió un poco de su aturdimiento. Los dientes de Daniela empezaron a castañear y un fuerte estremecimiento empezó a recorrerle el cuerpo, mientras Marisela mantenía un continuo flujo de palabras de ánimo al conducirla con suavidad hacia la escalera. Daniela se dio cuenta vagamente que las rodillas le temblaban y sus piernas se negaban a sostenerla.

—Lo la… lamento —pronunció con dificultad—. Me siento… r
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