—Cree lo que quieras, ¡pero después de pagar todo esto, más te vale irte! —Marina recordó algo, señaló a Dylan y luego se giró hacia Ricardo y la cajera, que estaban en la barra.
—¡El almuerzo no lo cubre este tipo, lo suyo lo paga él!
—Ok, como diga, señorita —respondió la cajera, que al ser mujer, se puso sin pensarlo del lado de Marina.
Una vez que pagaron, las bebidas ya estaban listas. No quisieron quedarse más tiempo ahí y se fueron con todo directo a la camioneta.
Ya no querían seguir baj