Después de tanto joder, César acabó subiendo al carro.
No es que Perla tuviera ganas de llevarlo… es que ya no tenía tiempo. Por suerte, el edificio del Grupo Financiero Runpex quedaba de paso rumbo al evento de arte, así que no tenía que desviarse.
El carro se detuvo frente al edificio. Perla desbloqueó la puerta y fue directa:
—Bájate, por amor a Dios.
—¿No quieres ir conmigo un ratito? Yo…
Iba a decirle que en su oficina todavía quedaban cosas que ella había dejado antes.
—¿Puedes dejar de ha