Adrián llegó cargando dos bolsas de comida.
—Doña Lorena, dijiste que te habías caído y no podías salir, así que pensé que era mejor traerte la cena.
—Supuse que no iban a cocinar, seguro que iban a pedir algo entonces quise ahorrarles la molestia —dijo mientras entraba y colocaba los platos en la mesa.
—Es tu comida favorita —añadió, con una sonrisa.
—Ay, no esperaba esto, Adrianito, ¡qué atento eres! —Marina lo molestó con confianza mientras se iba a la cocina a buscar cubiertos.
Él, al escuch