Perla se detuvo un momento, pensando. Si quería una camisa a medida, tendría que esperar al menos una semana para que la tuvieran lista.
Sus dedos apretaron el teléfono con fuerza. ¡César lo hizo a propósito!
Con una expresión seria, dejó el teléfono a un lado, se puso el cinturón de seguridad y arrancó.
Condujo hasta el centro comercial más cercano.
César sonrió un poco, como si hubiera logrado lo que quería.
El carro avanzaba por la calle. Perla miraba al frente, tratando de ignorar