Ricardo estacionó el carro en el lugar donde iba a recoger a Marina y le preguntó:
—¿De verdad no necesitas que te lleve hasta la puerta de tu casa? Las cosas están bastante serias.
Marina lo miró de reojo, desconfiando de lo que estaba tramando.
—No, con esto basta, Andi y yo lo llevamos sin problema.
—¿Te parece, Andi?
Andi miró a Marina un momento, sin entender por qué su tía no quería que Ricardo los llevara hasta la puerta. Al fin y al cabo, tarde o temprano iban a entrar a la cas