Pero Natalia, acostumbrada a hacer lo que quería, no iba a dejarse intimidar por una simple cámara de seguridad. No le tenía miedo a Perla, sino a la posibilidad de que sus amenazas salieran a la luz frente a todos. ¡Esa hijueputa! Así que todo esto fue su plan…
—¡Revisemos las cámaras! —don Bernardo golpeó con fuerza su bastón contra el suelo.
Como anfitrión, hubiera preferido resolver esto con una simple disculpa. Pero, al ver lo lejos que había llegado la situación, ya no podía ignorarla.