—Mamá, yo me encargo de esto.
María gritó:
—¡Apúrate y bótala! Aunque te haya salvado, ya pagaste esa deuda con todo lo que le has hecho.
—Te lo digo, no dejes que esto arruine tus citas. Ya fijé la hora y el lugar. Te lo mando por mensaje. No importa qué pase, tienes que ir.
César suspiró, resignado:
—Mamá, ¿no habíamos quedado en que no me ibas a conseguir más citas?
—Esta es la última vez. ¿Olvidaste lo que me prometiste? ¿No dijiste que cuando volvieras saldrías con esa chica? Tr