En la hacienda, y dentro de la habitación de los niños, Orión acompañaba a Andi mientras él hacía la tarea, y Álvaro estaba trabajando en el código de un programa.
Andi mordía la punta de su lápiz, distraído, y dijo:
—Hermanito, solo me quedan tres páginas, voy a salir a jugar un rato, luego vuelvo a escribir.
Orión no era tonto, sabía perfectamente lo que Andi tenía en mente. Si salía, no sabría dónde iría a parar, así que le respondió:
—No, no puedes. Esta mañana me quedé contigo para