— ¿Llegan cuando quieren y se van cuando les da la gana? — La voz de César era indiferente, pero su autoridad era innegable.
Los tres hombres se pusieron tensos al instante, sus piernas temblaban sin que pudieran evitarlo.
— Pero y… ¿qué piensas hacer?
El aura de César era demasiado intimidante.
Pensaron que César le ordenaría a sus guardaespaldas que los golpearan o los detuvieran, y el miedo casi los hacía orinarse en los pantalones.
Pero, para su sorpresa, los dejó ir y ya.
Ya fuera del hospi