César se quitó el saco y se sentó a un lado para ver la partida. De vez en cuando, cuando Lorena dudaba sobre qué carta jugar, él tomaba una de su mano y la ayudaba a lanzarla.
— ¡Eso no es justo! ¡Tienes ayuda! — Álvaro protestó, indignado.
— También puedes buscar a alguien que te ayude — César respondió con indiferencia, sentado detrás de Lorena.
Con la ayuda de César, Lorena jugaba cada vez mejor.
Durante el juego, se dio cuenta de que aún no habían cenado. César tampoco había comido en casa