—Fue sin querer, por favor déjeme pasar.
Guillermo se rio.
—¿Qué importa haberlo visto? ¿Por qué no te vienes conmigo? No le diré nada al presidente.
La secretaria, acostumbrada a este tipo de situaciones, dio un paso a un lado, dejando espacio para Lorena.
—Guillermo, si me conoces, deberías saber que no soy alguien a quien puedas tocar —dijo Lorena, mirando alrededor. Su camino estaba bloqueado. En un momento crítico, no tuvo más opción que mencionar a César.
Guillermo se rio otra vez, ahora c