Selene despertó antes que el gallo. No había dormido mucho, pero la claridad de la madrugada le alcanzó los huesos con una fuerza inusitada. El aire olía a tierra húmeda y a promesa, pero también a peligro. El pequeño distanciamiento y discusión con Simón todavía le pesaba en el pecho, como si le hubieran incrustado una espina en el alma.
No había vuelto al jacal. No quería verlo. No todavía. Aunque parecía que ya se había arreglado todo entre ellos.
El rancho estaba silencioso cuando salió a e