Después de que Rick se vaya, mi ira se apodera de mí y no me deja ir. Grito de frustración y arrojo un vaso de cristal contra la pared más alejada de mi dormitorio. El sonido de su rotura me produce un breve momento de satisfacción, pero no dura mucho. Empiezo a pasear por la habitación cuando oigo que llaman a la puerta.
—Estoy bien, Carl —grito.
—Soy yo, querida, Evanora.
Abro la puerta y la encuentro a ella y a Carl de pie, con expresiones recelosas. Le hago un gesto para que entre y