—Padre, ¿puedo hablar contigo en privado? —pregunto con dulzura.
Pienso mantener la calma hasta que me dé una razón para no hacerlo. Me sonríe, completamente inconsciente de su error.
—Claro, dame un momento para instruir a la manada y podremos hablar en mi despacho —responde.
Mientras nos dirigimos a su despacho, me debato sobre cómo abordarlo. Nuestra relación es muy nueva y aún no conozco su personalidad. Tengo que pensar en la mejor manera de hacerle entender que soy independiente y