Pov. Valentina
Mis encuentros con Fernando eran como siempre: pasionales, desbordantes, ardientes, llenos de lujuria, de deseos contenidos, de hambre por nosotros. Cada acto era mejor que el anterior. Nos llevábamos al límite para saciarnos con orgasmos intensos que nos dejaban temblando, con el corazón a punto de salirse del pecho, jadeantes…
Y, pese a lo que muchos pensarían, no nos dejaban agotados, sino con más ganas. Ganas de seguir devorándonos, de seguir saciándonos, de volver a tocarnos