Desde aquella noche, las semanas siguientes transcurrieron con una calma inusual en la mansión Moretti, mientras Isabella y Francesco se sumergían en los últimos preparativos para la llegada del bebé. Las mañanas comenzaban con un desayuno en la terraza, donde el viento fresco traía consigo el aroma de las flores recién regadas. A pesar de los pequeños desacuerdos y preocupaciones, habían aprendido a encontrar un equilibrio en su nueva rutina.
Entre risas y expectativas, compartían experiencias