La villa en Verona estaba iluminada solo por la tenue luz que se colaba desde las ventanas altas, la suave brisa de la tarde acariciaba el lugar, trayendo consigo un aire frío que contrasta con el calor del momento.
La llegada de Alessa contrasto con Leonardo, despertando, aturdido, sin entender cómo había terminado ahí. Y justo cuando sus ojos lograron enfocar, escuchó una puerta abrirse, y vio a Alessa, igual de sorprendida y confundida.
Los dos se miraron en silencio, entendiendo que estaban