Ahora, la calma en la villa, estaba inmersa en una quietud especial, con la suave luz de la luna colándose a través de las ventanas altas y creando sombras delicadas en las paredes. El aire tenía una frescura sutil, mezclada con el aroma a jazmín que se filtraba desde los jardines exteriores. Una calma envolvía la habitación, casi como si el propio ambiente entendiera la importancia de lo que estaba a punto de suceder.
Leonardo y Alessa se miraron en silencio, parados uno frente al otro en una