Después que la noche terminaba e iniciaba el día siguiente con una mañana fría cargada de nubes grises, Isabella despertó temprano. Estaba frente a una de las ventanas rotas en el ataque, viendo hacia el jardín con una taza de café humeante en las manos. Sus pensamientos volaron hacia aquellos tiempos cuando se sentaban a desayunar sus padres, Alessa, Charly y ella.
El crujido de los escalones la sacó de su ensimismamiento. Charly apareció en la puerta, su rostro aún marcado por la tristeza de l