La mansión Moretti, antaño símbolo de poder y elegancia, estaba ahora marcada por la reciente batalla. Las ventanas estaban rotas, las paredes agujereadas por las balas, y los muebles finos destruidos y esparcidos por doquier. Fragmentos de vidrio crujían bajo los pies de los miembros de la familia mientras recorrían los pasillos, examinando los daños. La lluvia continuaba cayendo, más fuerte que nunca, cubriendo el entorno con un sonido ensordecedor. El aire estaba cargado de humedad y tensión