Amaneció como cualquier otro día... o eso parecía. El aroma a café recién hecho y croissants horneados inundaba el comedor principal de la mansión. La luz del mañana se filtraba entre las cortinas de seda, iluminando la larga mesa donde desayunaban los Rossi. Todos menos dos: Alessa, que seguía descansando en su habitación, e Isabella, quien había salido al amanecer con una excusa perfecta: “Iré por flores y luego a ver un cliente en el resort”.
Chiara, sentada entre Charly y Don Marcos, balanc