El bullicio del centro comercial había desaparecido, reemplazado por un silencio pesado y opresivo. El aire estaba cargado de una tensión casi palpable, una mezcla de miedo, dolor y furia que vibraba en cada rincón. La temperatura, aunque cálida, parecía helar los huesos de quienes estaban allí, como si el horror de lo que acababa de suceder impregnara el ambiente con una frialdad que no tenía nada que ver con el clima.
Isabella estaba de rodillas en el suelo, con las manos temblorosas sobre el