Horas más tarde, Carter y el resto del equipo llegaron al hospital para saber cómo seguían Isabella y Leonardo. La atmósfera en el lugar estaba cargada de nerviosismo y esperanza. El aire, frío y estéril, olía a desinfectante, y los sonidos de máquinas pitando y el murmullo de conversaciones lejanas llenaban el ambiente.
—Francesco, ¿cómo están Isabella y Leonardo? —preguntó Carter, apenas entró, su voz tensa y preocupada.
—Tengo una noticia que compartir con todos —dijo Francesco, con una sonr