La noche transcurría con normalidad, de pronto Isabella despertó sintiendo un antojo tan abrumador que le pareció casi una urgencia vital. Hamburguesas, papas fritas, kétchup y una malteada de chocolate. Su boca se llenó de agua con solo imaginarlo, Dios como podía un antojo atacarla con tanta fuerza a las tres de la mañana.
Se levantó del sillón y bajó a la cocina, con la esperanza de encontrar algo que aliviara su deseo, mientras él bebe se movía con fuerza dentro de su vientre. Al entrar, en