Luego de comprar el oso, Jacomo se quedó atrás con Chiara, cargando el gigantesco peluche, pensando cómo lo llevarían en el auto.
—Realmente John tenía que acceder a llevar este peluche, no podían elegir algo más pequeño. —dijo Jacomo, abrazando al oso para poder trasladarlo al auto.
—Claro, es para nuestro sobrino. Aunque siempre anden con cara de malo, en el fondo ustedes son puro corazón. Ya ves, hasta insistió en darnos su tarjeta para comprarlo.
Jacomo gruño. —Sí, lástima que no accedió a q