La noche se había desplomado sobre Calabria, y con ella, una pesadilla se había desatado. Francesco sentía que algo iba mal, pero no podía ponerle nombre a la sensación que lo atenazaba. El mundo de los negocios nunca había sido tan sucio, tan impredecible.
Mientras tanto, Isabella y Chiara salían de la constructora después de una larga jornada. Se le había hecho tarde revisando informes y permisos; la noche había caído rápidamente sobre el paisaje calabrés, y la atmósfera estaba cargada de una