Noah no podía dormir otra vez. El reloj en su mesilla marcaba la 1:47 de la madrugada, ya era lunes técnicamente, pero seguía sintiéndose como la noche del domingo. Un día más. La casa le oprimía en silencio, demasiado quieta, como si ya supiera que ella se había ido.
El teléfono se iluminó en las sábanas a su lado. Un solo mensaje.
Leighton: Ven a tu despacho.
Nada más. Sin emojis, sin por favor. Solo eso.
Se quedó mirando las palabras hasta que la pantalla se apagó. Luego se puso los pantalon