Noah no podía dormir.
Una semana. Siete días hasta que Leighton dejara su casa. Dejara la ciudad. Le dejara a él.
Había intentado dejarla ir. Había intentado decirse que era lo mejor. Que se merecía algo mejor que un hombre que no podía descifrar sus propios sentimientos.
Pero cada vez que cerraba los ojos, la veía. Escuchaba su voz pidiéndole que le diera una razón para quedarse.
Y había fallado. No había podido decir las palabras. No había podido hacer la promesa.
Cobarde.
A las dos de la mad