La amenaza escrita en tinta roja no se desvaneció con el amanecer. Se quedó en la mente de Luciana como un eco persistente, como si cada letra se hubiese tatuado en su piel. “NO HA TERMINADO.” Tres palabras que podían ser todo… o nada. Una advertencia o una provocación.
Mientras desayunaban en silencio en el comedor del hotel, Alexander hojeaba las noticias desde su teléfono y Luciana repasaba una lista de entrevistas pendientes. Aparentemente, todo seguía igual. Pero ambos sabían que el silenc