Los días posteriores al beso fueron una danza delicada de evasiones y silencios entre Luciana y Alexander. Ambos, conscientes de la línea que habían cruzado, optaron por sumergirse en su trabajo, evitando cualquier mención al momento compartido. Sin embargo, la tensión era palpable, como una corriente subterránea que amenazaba con desbordarse en cualquier instante.
Una tarde, mientras Luciana revisaba unos manuscritos en la biblioteca, su teléfono vibró con un mensaje de su hermana menor, Valer