El teléfono de Elena sonó a las siete y media de la tarde, cuando el edificio estaba casi vacío y el cansancio comenzaba a nublar incluso sus pensamientos más ordenados. Durante unos segundos observó la pantalla sin responder. Era Diego.
No era extraño que la llamara.
Lo extraño era la hora.
Y aún más extraño fue el breve mensaje que apareció justo antes de que contestara.
"No vengas con documentos. Solo ven."
Elena frunció el ceño. Después de las últimas semanas, aquellas cinco palabras parecí