La mañana siguiente amaneció con un cielo gris que parecía haberse detenido sobre la ciudad. Desde la ventana de su despacho, Elena contempló durante unos segundos el movimiento constante del tráfico, pero su mente estaba demasiado lejos para reparar en él. La prueba que había encontrado la noche anterior seguía ocupando todos sus pensamientos. No era concluyente, al menos no ante un comité acostumbrado a exigir evidencias irrefutables, pero sí era suficiente para demostrar que alguien había al