Elena sabía que la sala no había quedado en silencio por acuerdo.
Había quedado en silencio por impacto.
Y el impacto…
nunca era el final.
Era el inicio de la respuesta.
Lo comprendió en el momento en que regresó a su despacho y encontró el primer indicio de lo que vendría: no un rechazo, no una aprobación… sino una solicitud.
Revisión formal de su propuesta.
Con carácter urgente.
Y supervisión directa del comité.
Elena dejó el documento sobre la mesa sin prisas, pero sin desatender el detalle