Elena no se arrepintió.
Pero tampoco intentó justificar lo que había ocurrido.
Había cruzado una línea que durante demasiado tiempo había mantenido intacta, no por falta de impulso, sino por plena conciencia de lo que implicaba atravesarla. En otro contexto, en otro momento, quizás habría permitido que aquello tomara una forma distinta, menos condicionada por el entorno en el que ambos se encontraban. Pero la realidad no ofrecía ese tipo de concesiones.
Y Elena no era el tipo de persona que se