El silencio no siempre era vacío.
A veces era una respuesta.
Y otras veces…
era una advertencia.
Elena lo comprendió la mañana siguiente.
No porque alguien se lo dijera directamente, ni porque ocurriera algo evidente a primera vista, sino por la manera en que el ambiente había cambiado. Las miradas duraban menos de lo normal, las conversaciones se interrumpían al notar su presencia, y los espacios que antes le pertenecían de forma natural ahora parecían observarla con una cautela casi medida.
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