Elena no presentó la inconsistencia de inmediato.
No porque dudara de su relevancia, sino porque entendía perfectamente el valor del momento en que una verdad salía a la luz. En un entorno donde cada decisión era observada y cada error podía ser reinterpretado como debilidad, la información no era solo poder; era oportunidad. Y utilizarla en el instante equivocado podía ser tan perjudicial como no utilizarla en absoluto.
Así que esperó.
Pero no de forma pasiva.
Durante los siguientes dos días,