La presión no llegó de golpe. Se instaló poco a poco, como una presencia constante que se volvía más difícil de ignorar con cada hora que pasaba. Para Elena Cruz, los días posteriores a la revisión del consejo no fueron diferentes en apariencia, pero sí en esencia. Todo seguía funcionando, los proyectos avanzaban, las reuniones continuaban, pero el margen de error había desaparecido por completo.
Cada decisión que tomaba era observada, aunque nadie lo dijera abiertamente. Cada informe que entre