El día no terminó cuando la reunión concluyó. Para Elena Cruz, apenas había comenzado.
La tarde avanzó con una normalidad engañosa, como si la oficina intentara recuperar su ritmo habitual después de la tensión contenida de la mañana. Los teclados sonaban con constancia, las llamadas se sucedían sin interrupciones y los empleados retomaban sus tareas con la eficiencia que se esperaba de ellos. Sin embargo, para Elena, todo parecía moverse en un segundo plano. Su mente seguía anclada en cada pal