El silencio que siguió a la confesión de Tomás era tan denso que se podía cortar con un cuchillo.
Iván fue el primero en reaccionar.
—Si tienes ese archivo, eres el hombre más buscado ahora mismo.
Tomás asintió con una sonrisa amarga.
—Lo sé. Por eso necesito su ayuda… y ustedes necesitan la mía.
Aitana lo observó con recelo.
—¿Cómo sabemos que no es una trampa?
—Porque si fuera una trampa, ya estarían muertos —dijo él sin rodeos.
Iván apretó la mandíbula. La situación era un infierno: si ese a