Alan daba vueltas en la cama, intentando continuar durmiendo. El reloj marcaba la una y quince de la tarde. Kiki le había enviado una dirección; parecía que el fin de semana estaría con su familia y le invitaba a unirse a sus queridos suegros. Era quizás el momento adecuado para conocerlos, claro está, si él se sentía a gusto con la decisión. Se quedó pensativo por un momento, pero accediendo a conocerlos, le respondió que estaría en la posada "antes de las ocho y después de las siete". Reía di