La malvada acida y tirana Marga les retenía sin decir nada concreto, según se rumoraba había faltantes en los talleres. Todos estaban como en fila militar temblando de espanto, el reloj daba las cinco y media, Kiki solo contaba con dos horas o menos para darse un baño, cambiarse y tomar el estuche que debía entregar a la señora Francis Mendell.
Marga se acercó con un cuaderno de notas en mano.
-Y bien…exactamente el faltante en los talleres son veinte mil dólares que pagarán entre ustedes cinco