Punto de vista de Alejandro
El sobre se siente demasiado ligero en mi mano al abrirlo.
Demasiado inocente.
Lo que lo empeora, porque no hay nada de inocente en cómo me late el pulso, nada de inocente en cómo mis dedos vacilan al abrir la solapa, nada de inocente en cómo una frase de Laila…
`No confiaba en mí.`
…ha resonado en mí como si hubiera detonado algo que he mantenido bajo llave durante años.
Cierro la puerta de mi oficina sin hacer ruido, giro la cerradura sin pensar y me siento en mi escritorio.
El sobre rojo luce obsceno contra la madera pulida.
Rojo…
Igual que la lencería que llevaba en esa foto.
Igual que el regalo que le di.
Igual que el rubor en sus mejillas anoche cuando susurré lo que no debía haber susurrado.
Mi pulgar recorre el borde del sobre.
Su letra es pulcra, suave y curva en los bordes. Su nombre para mí es solo ALEJANDRO, no SR. TORRES… es suficiente para que me dé un vuelco el estómago.
La abro… lentamente.
Y en el momento en que mis ojos se posan en la let