Punto de vista de Alejandro
Me quedo en la puerta de mi oficina mucho después de tener el recibo doblado en la mano.
Laila no me ve observándola. Está demasiado ocupada fingiendo estar bien.
Tiene la cabeza ligeramente inclinada, los hombros tensos y los dedos moviéndose por el teclado demasiado rápido como para escribir algo significativo.
Está haciendo lo que siempre hace cuando está abrumada: trabaja más duro y en silencio, como si sumergirse en las tareas evitara que todo se desborde.
Sient