CAPÍTULO 8- UNA AMENAZA…

Punto de vista de Alejandro

Me quedo en la puerta de mi oficina mucho después de tener el recibo doblado en la mano.

Laila no me ve observándola. Está demasiado ocupada fingiendo estar bien.

Tiene la cabeza ligeramente inclinada, los hombros tensos y los dedos moviéndose por el teclado demasiado rápido como para escribir algo significativo.

Está haciendo lo que siempre hace cuando está abrumada: trabaja más duro y en silencio, como si sumergirse en las tareas evitara que todo se desborde.

Siento una opresión en el pecho.

Me pregunto si es consciente de esto…

Se merece algo mejor que lo que esto le está haciendo. Mejor que un prometido que reserva habitaciones de hotel con su amiga. Mejor que tener que escribirme una nota de disculpa por algo que ni siquiera hizo mal.

Respiro hondo, recuperándome, y salgo de mi oficina.

Necesito hablar con ella. No como su jefe, no como un hombre que no ha dejado de pensar en ella en dos días.

Sino como alguien que sabe que está sufriendo, aunque ella
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