— ¡DEJA DE CONFUNDIRME! —exclamó Grace, su voz resonando en el aire mientras sus emociones explotaban. Edward la observó, inmóvil, con el impacto reflejado en sus ojos. Se alejó y entró al baño, cerró con seguro y se lavó sus dientes, al salir, Edward se acercó a ella, cargado de frustración.
— ¡¿Y tú crees que para mí esto es fácil?! —replicó, golpeándose el pecho con la palma abierta. Su voz estaba cargada de una emoción que parecía desgarrarlo desde dentro—. ¿Crees que estoy bien con todo lo