El toque de la puerta hizo que aquella conexión de miradas, en silencio, se rompiera.
―No salgas de la tina, debe de ser el doctor. ―Edward le dijo y se puso de pie para ir a ver, cuando salió del baño, Grace regresó su rostro para dejar su frente contra sus rodillas.
Edward abrió la puerta y era su jefe de seguridad.
―Señor, el doctor ha llegado, lo haré subir cuando me lo autorice.
―Hazlo pasar, en un momento saldrá Grace de la tina, ―el hombre arrugó su ceño―La metí en una tina con agua tibi