Capítulo 31. Intenso y profundo
Bajaron del auto de la mano mientras algunos empleados bajaban su equipaje fingiendo indiferencia. Ámbar estaba roja como un tomate por la vergüenza mientras que Marco simplemente sonreía y la llevaba al interior de la mansión.
Ella lo seguía sin darse cuenta de que no estaban yendo a su habitación.
Él le habló:
-¿Tienes hambre? ¿Estás cansada?
Ella pensó unos minutos.
-Sí, quisiera comer algo… y darme un baño.
-Muy bien. Lo arreglaré.
Él tecleó algo con rapidez en su móvil, sin dejar de cami