Capítulo 32. Sentimentalismos
Marco y Ámbar habían terminado de comer hace unos minutos, pero ella seguía sentada y en silencio. No estaba segura de qué se esperaba de ella.
Marco la miraba sin decir palabra, saboreando los últimos sorbos de un dulce vino blanco, como calculando su próximo movimiento.
Entonces se levantó despacio, se quitó la bata de toalla, quedando desnudo nuevamente, y se fue a la enorme cama.
-Ven aquí Ámbar, ¿quieres?
Ella se puso de pie como un resorte. Marco la esperaba interrogante, mirándola con