Capítulo 27. Piernas de gelatina
Entraron juntos al elegante comedor, donde los aromas deliciosos de la comida lo invadían todo. Ámbar nunca había visto tantos manjares juntos, y la emocionaba un poco el despliegue de lujos, pero a la misma vez pensaba en lo exagerado que era todo.
Saludaron con cordialidad y sentaron uno al lado del otro y ella descubrió que estaba algo hambrienta. Le sirvieron café mientras elegía algo de la mesa, y todos comenzaron a desayunar.
Marco preguntó:
-Bueno, papá, qué planes tienes para esta mañan